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La ansiedad es una enfermedad


La ansiedad es una enfermedad

Todas conocemos a alguien que padece de ansiedad, o incluso nosotras mismas. ¿La ansiedad es una enfermedad? Contéstalo aquí.

Es un hecho simple: Nadie quiere sentirse ansioso. La ansiedad está dentro de las emociones humanas más intrusivas y rechazadas. Y siendo que no es sana, todo el mundo está de acuerdo que debe ser prevenida y erradicada, como cualquier otra enfermedad. Todo un sector de la economía ha nacido para ayudar con este problema: desde libros de autoayuda y remedios holísticos, hasta fármacos y técnicas terapéuticas avanzadas.

Aun así, el hecho es que seguimos en una sociedad profundamente ansiosa, con niveles de desórdenes de ansiedad por los cielos. Un tercio de nosotros sufriremos de algún desorden de ansiedad debilitante en la vida.

¿Por qué no está funcionando?

Verás, la ansiedad no es realmente el problema. El problema recae en nuestras creencias: la historia de la ansiedad como enfermedad que nos han enseñado los profesionales de la salud, nos han preparado para el fracaso.

Estas creencias nos preparan para lidiar con la ansiedad de maneras que la empeoran, nos bloquean de los beneficios del tratamiento cuando realmente es necesario, y evitan que aprovechemos los beneficios que una emoción tan complicada tiene para ofrecer.

La única manera de ir hacia adelante es retando la historia de la enfermedad, y entender que la ansiedad es parte de ser humanos, no un error. La ansiedad no se va a ir a ningún lado, porque no es una enfermedad que debe ser erradicada o derrotada. En vez de eso, es una poderosa emoción que ha evolucionado para que podamos aprender a usarla a nuestro favor.

¿Cuál es su verdadera función?

Esto genera una pregunta: ¿Cómo aplica esta idea a la experiencia de las personas que viven con desórdenes de ansiedad? No hay duda de que la ansiedad se siente mal. Así que es natural pensar que este sentimiento doloroso y abrumador es una causa de preocupación, o que es una señal de algún mal funcionamiento de la felicidad o la salud mental, que necesita ser arreglado.

Esta lógica nos lleva a lo que parece ser otra conclusión inescapable: deberíamos tratar la ansiedad como una enfermedad, para prevenirla, suprimirla, curarla, como lo haríamos con el cáncer o la diabetes.

Pero este modelo de la ansiedad como enfermedad tiene algo fundamentalmente equivocado: está basado en ideas viejas e inexactas sobre lo que es la ansiedad, y por qué evolucionó de la manera en que lo hizo. Esta historia va algo así:

“La ansiedad es una emoción evolutiva anticuada, que se usaba para proteger a los humanos prehistóricos. Principalmente, se usaba para sobrevivir a cosas como depredadores, y desastres naturales.

Es de protección porque es como el miedo, y se reduce a 3 resultados: pelear, correr, o congelarse. Cuando no hay depredadores y sentimos ansiedad, es una emoción sin uso que termina por activas una respuesta de estrés. ¿El resultado? Nuestra salud sufre un duro golpe, física y mentalmente. Por lo tanto, debemos librarnos de la ansiedad, cuando sea posible.”

Esta historia tiene varias cosas incorrectas. Primero, décadas de investigación biológica y psicológica, han demostrado que experimentar ansiedad moderada no nos genera un daño, de la misma forma en que una dosis moderada de estrés tampoco lo hace. Segundo, tratar la ansiedad como algo que arreglar o evitar es una manera de que se salga de control.

Tercero, la ansiedad va más allá de cuestiones protectoras. Al estar incómodos y energizados, la ansiedad nos hace levantarnos y poner atención. Nos dice lo que nos importa, y nos prepara a hacer cosas productivas para manejar la incertidumbre, evitar resultados negativos, y optimizar los resultados positivos.

La ansiedad nos prepara a buscar apoyo social, nos motiva a perseguir metas recompensantes, y sobrecarga la calidad del pensamiento creativo, al hacernos más persistentes e innovadores. Tratar la ansiedad como una enfermedad nos enseña a hacer lo incorrecto cuando se trata de manejar el sentimiento, y crea grandes costos de oportunidad cuando se trata de manejar nuestra ansiedad a nuestro favor.

¿El triunfo de la evolución?

La ansiedad y los desórdenes de la ansiedad no son lo mismo. Hasta que se haga esa clara distinción, puede ver por qué podrías sentir que estoy yendo demasiado lejos con esto. La ansiedad es una emoción normal que la gente experimenta, y se siente a través de un espectro, desde una ligera y casi imperceptible inquietud, hasta un intenso y abrumado pánico.

A diferencia del miedo, que es una emoción que sentimos al estar frente al peligro, la ansiedad es aprehensión por el futuro incierto, donde algo malo podría estar cerca, pero los finales felices siguen siendo una posibilidad. Como esperar los resultados de un examen, o una entrevista de trabajo. La ansiedad nos alerta a peligros potenciales, pero también nos da una razón para tener esperanza.

Esta doble naturaleza de la ansiedad significa que sólo te sientes ansiosa cuando te importa el futuro. También que la ansiedad existe por uno de los pináculos de la evolución humana: la habilidad de imaginar, planear, y preparar para el futuro, teniendo presente que algo podría salir mal.

¿Hay diferencias?

Esta es la diferencia entre el desorden de ansiedad, y la ansiedad: Podemos pasar por periodos de ansiedad intensa, sin tener un diagnóstico. El diagnóstico viene cuando nuestras formas de lidiar con el sentimiento se salen de proporción, y afectan nuestra habilidad para funcionar en nuestra vida. Todo se reduce al equilibrio con el que manejamos las cosas.


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